Come monstruos: qué es Lovecraft Café

A veces las cosas no empiezan como un plan. Empiezan como una incomodidad.

Una sospecha de que lo que nos gusta, lo que nos inquieta, lo que nos parece hermoso en su propia rareza, no tiene un lugar propio.

Así nació Lovecraft Café. No como un negocio brillante planeado estrategicamente por meses a través de gráficos. No como un caso de éxito que son el combustible de las redes meritocráticas. Ni siquiera como una certeza.

Fue a finales de 2018, cuando todavía no sabíamos si un lugar así tenía sentido, pero nos negábamos a creer que todo tenía que tenerlo. Sabíamos esto: queríamos un espacio para lo oscuro, lo raro, lo misterioso. Para el miedo, sí, pero también para la risa nerviosa, la incomodidad, la curiosidad.

Queríamos hablar con fantasmas. Y darles café.

En ese tiempo, no había muchos cafés temáticos de horror. Hoy, por fortuna, hay varios. Entonces, estábamos solos. Y no queríamos ser únicos por ser exclusivos, ni distintos por ser inaccesibles. Al contrario: deseábamos compartir. Que cualquiera pudiera sentarse en la penumbra con nosotros. Que si no entendías una referencia, te la contaran con gusto. Que nadie se sintiera afuera por no tener el diccionario de monstruos completo.

También sabíamos que la comida tenía que narrar. Que los platillos no podían ser solo decorativos o “temáticos”. Queríamos contar historias con sabores, texturas y formas. Queríamos que el horror se pudiera comer.

Así nació, por ejemplo, nuestro «Corazón delator»: un postre sin cubiertos, servido para mancharte los dedos, para que la culpa de Poe no fuera solo leída, sino vivida. Así pensamos cada receta: no como un plato, sino como una escena. Una lectura. Una representación.

Y sí, queríamos que fuera divertido. Reírnos con la sangre falsa, con las sorpresas, con lo grotesco. No para burlarnos del horror, sino para sentarnos a su mesa y mirarlo a los ojos. Devorar a los monstruos antes de que ellos nos devoren a nosotros.

Desde el principio, también supimos que esto era un lugar para lectores. Las referencias están por todas partes: en los nombres, en las cartas, en las paredes, en la ensalada. Si ya leíste, tal vez reconozcas las pistas. Y si no, ojalá te entre la duda.

Han pasado siete años.

Ahora hay talleres, presentaciones de libros, bodas, charlas, logias secretas. Pero lo esencial sigue ahí: el deseo de crear un espacio donde lo extraño tenga sentido.

Donde el miedo sea compartido. Donde el silencio no dé miedo porque hay otros escuchando contigo.

Lovecraft Café no nació del mérito. Nació de la necesidad. Y sobre todo, del deseo de que la oscuridad también pueda ser compartida.

Rubén Darío Vázquez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *